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sábado, 20 de junio de 2020

Abanderados


Teatros desangrandose y muriendo; el esfuerzo de miles de compañeras y compañeros para sostenerlos en pie. Trabajadores del teatro subsistiendo con lo mínimo, encontrando los rincones para poder dar clases por zoom, adaptando contenidos. Estrenos postergados vaya a saber hasta cuando, con inversiones cuantiosas de dinero, tiempo, esfuerzo, amor, sudor, llendose por el desague... Actores, asistentes, iluminadores, escenografes, vestuaristes, y una infinita cantidad de etceteras, sin saber hasta cuando su profesión, su oficio, estará en suspenso y si sobrevivirá o no a la pandemia. ¿Todo para qué? Para sostener el aislamiento preventivo y obligatorio; para preservar la salud de este colectivo en el que vivimos. 

 Hablo del rubro que conozco, pero claro, así como nosotros, otros miles de rubros están paralizados o mutilados. Gente que perdió en esta cuarentena todo lo que había construido desde hace años. ¿Todo para qué? Para que vos, porque te dijeron que vienen a atentar contra la propiedad privada, sin entender la deuda fastuosa que Vicentín tiene para con el estado argentino -deuda que la empresa tomó por la ventana con Mauricio Macri como presidente-, atado a tu veneno y desoyendo que atravesamos la crisis internacional mas grande que la historia moderna recuerde, salís a hacer un "banderazo". ¿Sabés lo que representa esa bandera que agitás? Representa un colectivo de personas que vivimos todos juntos. Eso es la patria. Cada uno de todos nosotros. Vos ahí contagiando y contagiandote, destruís el esfuerzo de días y días de postergaciones, sueños mutilados, vidas revueltas, economías desiertas. Vos ahí, repitiendo cosas que ni siquiera te detuviste a pensar, agitando una bandera que desconocés y gritando por una patria que no comprendés, contagiás algo mucho peor que un virus. Vos, títere del deseo de unos pocos, oligarca de monoblock, que compra indignaciones usadas y agita el puño al grito de "vienen por todo", contagias desesperanza. Contagias la idea peligrosa de que todo este esfuerzo es en vano; y que la única manera de sobrevivir a todo es ir solos, cada uno por su lado. Contra vos no hay vacunas. Solo la certeza, íntima y chiquita, de sabernos distintos. Muy distintos. 
Viva la grieta. Viva todo lo que me aleje de tu virus. Viva todo lo que odies: viva Perón, Evita, Cristina, Néstor, Alberto. Viva la marcha, el choripán y el 17 de Octubre. ¡Viva la patria! Esa que se construye pensando en todas; pensando en todos. En mi y también en vos... Si. Tambien en vos... que agitás una bandera que no comprendés y destruís cosas que no tienen repuesto.

lunes, 20 de abril de 2020

Levantarse el ánimo

No voy a ponerme a tratar de levantarle el ánimo a nadie. Me parece una tarea demasiado ardua; una empresa irracional dados los tiempos que corren. 

En las últimas horas 15 (QUINCE) volcanes entraron en erupción. Se espera que el 29 de abril un meteorito de entre 1,4 y 4,1 km de diámetro pase cerca de la tierra. La NASA dice que no pasa nada pero a esta altura del partido hasta un sachet de leche me parece potencialmente peligroso. Estamos caminando por la vereda del apocalipsis tan cotidiana y vertiginosamente que no nos da el tiempo para asimilar semejante nivel de desquicio. Palabras como "cuarentena", "pandemia", "aislamiento preventivo" se han hecho en tan poco tiempo tan comunes, tan usuales, que han perdido ya su magnitud, su cruento significado. Contamos los muertos y los infectados sin entender lo que estamos contando. Un canal en youtube nos transmite en vivo y con actualización inmediata el número oficial de contagiados, fallecidos y curados con una frialdad estéril; las banderitas de cada país van armando un ranking, una tabla del horror muy parecida a la de cualquier liga de fútbol, en la que la pelea por no descender cobra una literalidad macabra. Salir a la calle, apenas eso, conlleva una serie de preparativos tan extraños que uno no puede evitar sentirse Juan Salvo, el eternauta de Oesterheld, tratando de conseguir víveres para su batalla contra los "ellos". Cada jornada se repite sobre sí misma, en un loop amorfo, en donde ponerle nombre a los días parece un sinsentido ridículo, una metáfora innecesaria de esas que algún escritor demasiado florido en verba suele dar ridículamente para ilustrar su propia oratoria. 

No. Lejos estoy de querer levantarle el ánimo a nadie. Por el contrario. Pienso fundamentalmente que a todos nosotros nos asiste el derecho de llevar esta pastosa rutina con un humor anárquico. Nadie, absolutamente nadie puede venir a decirnos como tomarnos todo este asunto, qué está bien y qué está mal, en tanto respetemos aquellas reglas que sabemos, si o si, debemos cumplir para cuidar de nosotros y de los otros. -No amigo, no salgas a cazar pokemones o a tomarte unas pequeñas vacaciones en la playa; corres serio riesgo. No solamente de contagiarte el Corona sino por sobre todo de confirmarle al mundo que sos un pelotudo.- 

No pienso levantarnos el ánimo. Pero si me veo en la obligación de compartir cierto optimismo. Un optimismo berreta, de segunda marca. Algo mancillado por tanta incertidumbre. Un optimismo a duras penas funcional, como esas cosas que uno compra usadas en Mercado Libre; no brillará reluciente y nuevo, no tendrá su caja de empaque recién estrenada, pero con un poco de suerte te va a funcar.

Tenemos que empezar a imaginar un después. Yo sé que seguramente te asuste, que te resulte aún mas inverosímil que esta realidad de Hauxley en la que vivimos. Pero va a haber un después. Y el después siempre se construye con pedazos del ahora.  La cuestión será saber que pedazos vamos a usar.

Cuando todas las noches a las nueve salimos a aplaudir todos juntos, sinceramente no creo que ese aplauso sea en su totalidad un homenaje para la gente que se juega la piel día a día en su laburo. (De hecho hay mucho, mucho sátrapa que aplaude a las nueve y a las nueve y media está pegando un cartel en el ascensor amenazando a su vecino médico). Creo honestamente que en ese aplauso se oculta algo mas. Detrás de ese aplauso hay una sed honda, una angustia profunda de encontrarnos con los otros, de sabernos acompañados en esta soledad global. Ese aplauso es un ágora, una cita de encuentro que nos recuerda que allá afuera hay algo mas. Ese aplauso es la música, la pintura o el teatro. Ese rincón de coincidencia en donde nos respiramos: nuestro ritual.  Ese aplauso es un impulso irrenunciable, un instinto, que aunque viejo y gastado, seguimos teniendo desde siempre y que nos define: Nos necesitamos. Distintos, rotos, cercanos o lejanos; Nos necesitamos. Ese aplauso, ese llamado hacia la noche profunda para sabernos hermanados, no es otra cosa que una pregunta. Una pregunta que busca su respuesta en el afuera, "¿Estás ahí?, ¿Estás ahí?".

Ojalá nos sepamos contestar.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Lucky Strike



Se enciende.
Resquebraja el papel que lo envuelve. Se siente nuevo. Reluciente. Sus primeros humos bailan en el aire. Luce orgulloso, su condición de recién prendido.
Se consume lentamente, fagocitándose, preso de nerviosas pitadas de sobremesa. Va perdiendo altanería hasta convertirse en colilla.
Ya inútil  es arrastrado a su vil muerte de cenicero. Tumba del prensado laborioso, que con Nobleza, Picardo le supo dar.
O en el peor de los casos, es arrojado, aun en brasas, a una tumba de asfalto. Se deja consumir por un viento veraniego. Con estertores escupe sus últimos humos, envuelto en la parca soledad de quedarse sin destino.
Fue cigarro arropado junto a 9 compañeros, en papel metalizado y box de colección. Recuerda melancólico ese noble pasado. Extraña aquel viejo confort.
Es pateado por extraños, ajenos a su frágil estado. Supo ser deseo de labios, y hoy no soporta ser objeto en extinción.

Finalmente es barrido por los dientes frios de un escobillón.

lunes, 22 de octubre de 2012

Aferrarse a la vida


Hay un hombre en el pasaje San Ignacio.
Un hombre manso, con los ojos astillados por el tiempo.
Ojos verdes, como en descanso, y un par de anteojos envolviendo sus lamentos.
Lleva consigo una bolsa de mercado.
Retazos, papeletas, diarios viejos.
Los reparte como trozos de pasado a los pasantes que lo miran con recelo.

Hay un hombre por la calle Carlos Calvo.
Calvo, como la calle misma.
De hombros hundidos,un par de llagas, y un rubor turbio maquillando sus mejillas.
Ha adoptado la costumbre de abstenerse al sosegado paso de los días.
Se dedica con recelo a resolver el misterio de su colección:
Fotos antiguas.
Trata de encontrar en Buenos Aires, el rincón oculto en la sombra del retrato.
Lo encuentre o no,
encuentra vida.

Hay momentos en los que el paso de los años nos vacía.
Nos deja huecos. añejos. Tocados.
Amamantados por la hiel de la desidia.
Entonces pende de un hilo muy delgado
cada hora, cada beso, cada día.

Cuando el hueco que deja el calendario,
nos derrumba, nos segrega, nos domina...
Solo una meta...
por efímera que sea...
solo un objeto, por pequeño que se vea...

Es suficiente.

Entonces valen los secretos.
Entonces huele el mediodía.
Sangran los sonetos...
Bailan los almuerzos...
Cantan de alegría.

Solo una meta...
Solo un objeto...

Salvan tu vida.



martes, 7 de febrero de 2012

Remake: Bon Vivant


Si desea levantarse a la mañana, cosa que es recomendable, hagalo de manera tal que las plantas de sus pies se aferren al suelo, haciendose uno con el planeta que lo sujeta. Nada de andar levitando sobre las asperezas.

De hacerse necesario desayune. Lo convencional es café, pero puede sorprenderse. Dese el recreo de algún té saborizado, y si se siente afortunado, hagase amigo del mate cocido.

Evite los diarios imperativos. Evite la tibieza del panico global. Si tiene un día soleado, simpatice con extraños malhumorados. Su buen talante puede y debe hacerse contagioso.

Si su amanecer es mas bien agitado, disfrute las delicias de la ironía y el sarcasmo. Tienen un efecto narcotico estimulante, pero ¡Cuidado y moderación, amigo mío! Nada peor que hacerse adicto.

Recluyase en actividades reproductivas. Digase a sí mismo "Quiero crecer hasta que mi pecho estalle". Luego tomese cinco minutos para enorgullecerse y continue mirando hacia adelante.

Llegada la hora del almuerzo, detengase. Comer y caminar son dos actividades que no se complementan, entienda esto.

Pasado el tiempo de la digestión, remplace la siesta de la tarde por cuatro cuestionamientos. Profundos. Que tengan base. Cerciorese que no sean caprichos o pucheros, sino Señores cuestionamientos, de esos que llevan corbata y traje.

Luego, escriba. Mas tarde, cante. Ni bien termine con eso, dese un baño para sacarse el enchastre de tinta y bolero. Si tiene ducha, detengase en la maravilla de dejarse estar. Sienta como los hilos de agua, masajean su cabeza hasta dejarla blanca.

Una vez seco, tirese en el barro para deshacer lo anterior.

Repita la ducha y su procedimiento.

De hacerse necesario cene. Prepárese a sí mismo una velada romantica. Vino tinto y un churrasco pueden ser grandes acompañantes.

Ni bien termine el festín, declárese a sí mismo un amor incondicional y salga a enfrentarse con la noche, como mas le guste. Desnúdese ante el ojo lunar y grite. Luego sienta verguenza por desnudarse. Inmediatamente arrepiéntase.

Antes de dormir, discuta. Sea impulsivo. Frenético. Contradígase. Cuando el momento sea oportuno, llegue a una conclusión imponderable.

Permanezca en silencio unos segundos.

Aproveche ese instante de vacio para enamorarse. Llore. Llore a gritos hasta arrancar de su pecho la desídia.


Agotese.


Entonces y solo entonces, sonría.


Usted ha vivido un día más.

jueves, 11 de agosto de 2011

El último minuto

El minuto pastoso
aletargado...
abrazado a la pegajosa rutina cilindrica.
No se da por vencido y se aferra
al nido mal parido desde donde viene.

Está enquistado en una cuenta regresiva
perpetua.
Simetrica.
Esclava.
Aseptica.

El último minuto.
Rebelde Mohicano que no suelta a su presa,
el paciente impaciente, que de impacientarse, apaciguado, se exaspera.

Harto, rebufa segundos, que se clavan en sus suelas como bosta de bufalo...
Segundos...
con gusto a ojera de abuela

Témpano, el reloj se congela...
regresa sus pasos... juega con su paciencia, la pone a prueba.

Sueña entonces con desnudarse ahí mismo y correr por la calle,
lleno de frio, calor, sudor y hasta verguenza,
pero con la sangre brotando en cada latido,
con el sudor manchando sus bramidos.
Sueña con una canción.
Sueña con un viento o un escalofrio.

Sueña con el momento en donde el tiempo recobra su sentido...
y no es solo una espera muerta.

viernes, 5 de agosto de 2011

De camisas cerradas y puños zurcidos

Sus hombros anidan en su espalda. Estridentes. Sus dedos finos, de escarcha sumisa, picotean el teclado, pidiendo permiso.

El dice "perdón". Dice "gracias".

No le hace caso a la moda, fetiche del inconformismo, que dicta que al mundo hay que pisotearlo para que el camino nos lleve en andas.

No se resigna a hartarse, ni a endurecer la mirada. Mantiene, detrás de sus envidriadas gafas, los ojos de un nene que mira confundido los ombligos de los grandes que no bajan la mirada.

Esto, a los gordos hombres de ceño fruncido, les molesta, se atragantan. Les hace ruido. Quizás vean en el algo de aquello que alguna vez llamaron a retiro. Una lágrima envuelta en un agrio sonido, carraspeo... sordina y a presagiar el olvido.
Quizás sea que el miedo a ser miedosos les de miedo de si mismos.

Yo, desde mis ojos testigos... simplemente lo admiro.

miércoles, 6 de julio de 2011

Seria fantástico...

 ...que todo volará por los aires y no quedaran mas que pedazos del invierno, sueltos, desperdigados por entre las calles que velarían por sus restos.

Y que la lógica careciera de objetivo, que todos le besáramos vocablos a los extraños y a los entrometidos.

Sería bello, casi prosaico, que no tuviéramos que ordenar nuestros sentidos, que pudiéramos traicionarlos, como se burla la desnudez del frío.

Sería hermoso, casi definitivo, que no tuvieramos horario, y que la transoche fuera la hora calendario en la que los amantes se dedican a si mismos. Y entonces los besos olerían a mediodía y el sexo sería casi un destino.

Sería brillante, casi preciso, que no tuviera que pensar como escribo esto que quiero decirte, que quizas es simplemente que me siento preso de mi mismo, o esclavo de esta palabra, que no tiene un peso preciso pero cuyo sonido se hace callo en la garganta, se hace mueca que me espanta, un abrazo fueguino.

TIEMPO.

lunes, 27 de junio de 2011

Teniendo en cuenta...

...que el hombre duerme. Camina. Se desviste.
Rie. Calla. Persiste.
Tomando en cuenta que siente mas allá de lo tangible.
Que es niño. Juega y se resiste.
Teniendo en cuenta que se debate entre sus sueños y hacer lo posible.

Recordando que también erra.

Que llora su batalla.

Que sonrie.

Tomando por sentado que se agota y renace.
Que pinta, colorea...
Sangra y se deshace.

Sabiendo que respira. Palpita.
Sangra.
Mastica.

Recordando que sabe mas de derrotas que de aciertos.
Que pelea por sus certezas.
Que se confunde.
Que es incorrecto.

Me pongo las medias...
Me calzo mis espuelas de vaquero imaginario...
Y aunque cansado,
salgo a la calle.

lunes, 25 de abril de 2011

Sonata del silencio

En este mundo ungido en la sordina. Envuelto en un piano ausente que aúlla su melancolía mientras los transeúntes se despejan los problemas de la frente. En este pasillo de ruidos ajenos, de súplica inútil, de proyectos erguidos a fuerza de contraer las venas...

Solo el silencio se sincera ante tanto pudor arremetido.
Es el silencio, ese déspota amigo que acecha en las faldas de los desconocidos...
El silencio diletante, bañado en pasado, patinado en el frío de todo lo dicho.

El silencio.
Esa invitación constante al impulso desmedido, a la carne sumisa por el sudor comedido.

El silencio.
Su desafío.

Su envoltura cobriza, que regala pretéritos a los desconfíos
y caminos vacíos...
Los tuyos...
Los míos.

Los de todos los que callan, no por temor u obediencia, sino por perderle la paciencia a la forma pre hecha. A las frases que acechan el confort del abrigo.

Por tu silencio, que me llena de letras que no tienen ruido.
Por el mio, que regala invitaciones, suicidios, camas desechas.

Por el misterio que es la brecha de todos los silencios que la calle nos deja...

Yo brindo.


Y sino entendió lo escrito... solo deje por un rato que el silencio sea su sonido...