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miércoles, 19 de diciembre de 2012
A tus ordenes
Abrazame
Arropame, conteneme, desbordame, agrupame, sosegame, cegame.
Celame. Callame.
...
Bueno, está bien, dejame hablarte.
Suspirame... si. Acá. En el cuello. Suspirame.
Llorame ahí.
Si, en el cuello...
No te rías... en el cuello llorame.
Que tu lagrima me pinte de sorpresa. Dibujame.
Sonreime.
Si... Que lindo... así... abiertamente sonreime.
Tapame. Tapame fuerte de la noche. Ahogame entre sábanas y besos...
...
Y claro... besame.
Besame en la boca, en el cachete, en los hombros, en los ojos.
Paladeame como a un hueso.
Estrujame, retorceme.
Apretame.
Bueno, basta... ahora soltame.
Llename de cosquillas.
¿Cosquilleame?
Jugá conmigo. Jugame un tango, un vals, un bolero.
Damelo entero.
Si, con rima.
Bueno, dale.
Recitame.
No, un verso no. A mi. A mi recitame.
Cantame, como a un pajaro en su nido, una canción de siesta.
Cantame una tormenta de medianoche.
Cantame un arrorró.
Pero en silencio.
Ahora, mirame.
Dios... ¡que vértigo!.
¡Que vértigo tus ojos! y la noche.
Que vértigo tus besos, tus locuras, tus reproches.
¿Otra vez con rima?
Bueno, dale.
Juguemos, juguemos a que nos conocemos.
Juguemos a vos y a mi.
Juguemos a nosotros.
A ese misterio que deja cada punto cuando se hace suspensivo.
Vivamos ahí, en el intento.
Entre paréntesis.
Vos, yo y los otros.
( . . . )
.
jueves, 5 de mayo de 2011
Cosas que pasan
Una noche puede pasarte que las estrellas brillen un poco mas que de costumbre.
Puede pasarte que estés lejos, con la mirada en silencio y las manos agotadas goteando tristeza por entre los dedos.
Y recuerdes un beso, un olor; un amor apagado.
Puede pasarte que tus codos se arruguen buscando un abrazo.
Y entonces recuerdes dormir a su lado, sentir su aliento tibio galopandote en la nuca. Sus manos jugueteando en tu pecho y su risa endulzando tu luna.
Puede pasarte que no recuerdes lo malo y simplemente elijas aquel verano cuando creíste que el mundo era un lugar sencillo. Tu calle era una victoria y tus pasos eran mas livianos.
Puede pasarte que recuerdes solo sus risas juguetonas y sus besos almibarados.
Puede pasarte que no entiendas el porque, ni el como, ni el cuando.
Entonces querrás gritarle al mundo su estafa pero la voz no te alcanzará para tanto. Apenas te quedaran migajas de aliento para soplarte el desencanto.
Y entonces el gusto de la resignación va a saber amargo.
Entonces un sonido noctambulo te dirá un secreto triste. Y vas a abrazarte a vos mismo. Y las lagrimas te patinarán los labios. Te dolerá el vientre, pero no tendrás mas ganas de seguir gritando.
Te dejarás caer en la almohada, acariciándote el pelo, sabiendo que mañana seguirás viviendo y quizás el mundo no te espere con un canto alegre, pero vas a saber cantar.
Y vas a seguir cantando.
lunes, 18 de abril de 2011
Peleando conmigo
Lo que falta es esa pausa para pensar en lo que viene.
Lo que falta es esa hora en donde nada alcanza.
Lo que acusa es el llanto que sostiene
el grito de dolor que no se lanza.
Me repito en el río,
me desarmo en medianoches.
Me rearmo, me suicido,
me extingo entre reproches.
Me sostengo.
Me acaricio.
Me enamoro.
Lo que falta es esa hora en donde nada alcanza.
Lo que acusa es el llanto que sostiene
el grito de dolor que no se lanza.
Me repito en el río,
me desarmo en medianoches.
Me rearmo, me suicido,
me extingo entre reproches.
Me sostengo.
Me acaricio.
Me enamoro.
No es lo mismo.
Y camino por mi casa,
y vomito homicidio,
y sonrio y no alcanza.
y me extingo al abismo.
Lanzas,
amarras,
amigos,
horas,
señuelos vencidos.
Piedras,
rincones salados,
van cantando su historia
entre los tejados.
Y aunque las oraciones a veces no alcanzan,
voy haciéndome danza para los dejados.
El susurro de un buen vino.
las almohadas que se mecen,
la caricia de las charlas,
la rutina del vecino,
van contando en mi guitarra
la canción de mis aullidos.
Y entonces presiento:
el tiempo es cobarde,
pero en su fuego arden,
con tiempo,
las penas.
Y del desamor nace
también
un romance.
Con los callejones,
la niebla y mis rejas.
Peleo con mi destino
de perpetuo desencanto.
Un olor, un sonido,
que me gusta tanto,
que a veces me canso...
de mi mismo.
viernes, 8 de abril de 2011
Abulia
Te pido que me avergüences, que rompas las recetas y me mires con tus labios y me apuntes con tus ojos y no mientas.
No me pidas que sonría, no me mientas. Desnudame y paladeá mi pecho franco, abierto como un naufrago o cerrado como un relicario, no importa. No mintamos.
No me pongo colorado, sigo acá, tristemente acostumbrado a tu caricia de ocasión. Sigo acá. Acallandome los gritos para no interrumpirte el almuerzo. Vomitame el almuerzo en la cara. Reite de mi gesto parco. No me pongo colorado.
¿No ves como arden mis clavijas, suplicando arrastrarte hasta algún descampado hasta subirte la pollera y empatarle al mediodía? No. No me ves.
¿Y yo? ¿Me veo? ¿Que hago?
Yo acá estoy, disimulando. Jugando el juego de la camisa planchada y el horario. Acá estoy. Untándole veneno al calendario.
Y vos ahí, acostumbrada... y yo acá, agarrotado.
Quisiera cantarte una serenata,
o escupir colores verdes y arruinar manzanas de un solo bocado.
Y vos ahí agarrotada... y yo acá, acostumbrado.
Que poco tiempo le queda a nuestra mañana. Que poco tiempo. Que mal usado.
Y sino entendió lo escrito...
No me pidas que sonría, no me mientas. Desnudame y paladeá mi pecho franco, abierto como un naufrago o cerrado como un relicario, no importa. No mintamos.
No me pongo colorado, sigo acá, tristemente acostumbrado a tu caricia de ocasión. Sigo acá. Acallandome los gritos para no interrumpirte el almuerzo. Vomitame el almuerzo en la cara. Reite de mi gesto parco. No me pongo colorado.
¿No ves como arden mis clavijas, suplicando arrastrarte hasta algún descampado hasta subirte la pollera y empatarle al mediodía? No. No me ves.
¿Y yo? ¿Me veo? ¿Que hago?
Yo acá estoy, disimulando. Jugando el juego de la camisa planchada y el horario. Acá estoy. Untándole veneno al calendario.
Y vos ahí, acostumbrada... y yo acá, agarrotado.
Quisiera cantarte una serenata,
o escupir colores verdes y arruinar manzanas de un solo bocado.
Y vos ahí agarrotada... y yo acá, acostumbrado.
Que poco tiempo le queda a nuestra mañana. Que poco tiempo. Que mal usado.
Y sino entendió lo escrito...
lunes, 4 de abril de 2011
Asesinato
Tus ojos gélidos se tropiezan con el abismo mientras el frío acero de mi daga te atraviesa el vientre.
Te miro fijo: Asegurando que mi fuego sea tu último testigo.
Hundo mas el puñal hasta dejar respirar su punta por tu espalda. No brota sangre todavía pero ya estás paralizada.
Con mi otra mano te ciño la mandíbula.
La fuerzo casi hasta quebrarla.
Atesoro tus últimos sonidos, marea de súplicas, insultos, pedidos de auxilio.
Entrego a su suerte el cuchillo, irremediablemente hecho uno con tu abdomen.
Te beso la frente.
Suelto tu cara.
Te miro.
Nada.
Inerte.
Presa todavía del pánico y la sorpresa,
pero sin sangre en tu vientre.
Entonces te tomo por el cuello y mientras mi navaja todavía te atraviesa, empujo con mis yemas el aire que galopa tímido entre tu pecho y tus fuelles.
Nada.
Sin sangre.
Sin muerte.
Te golpeo hasta astillarme.
te mancillo hasta olvidarme...
Nada.
No hay suerte.
Agitado, te miro. Con mi puñal atravesado, con mis dedos enmarcados...
Parada... de frente.
Te reís.
Finalmente te reís, soltando una carcajada purpura que burbujea en mi camisa, bañada en sangre.
Mi sangre.
Voy soltando mis últimos suspiros a la parca medianoche...
Tus ojos gélidos atraviesan con frío destino de acero, mi vientre que derrama mi linaje.
Y mientras voy dejando ocre en los mosaicos,
recuerdo una verdad tan simple como el abecedario.
Solo puede morir quien ha vivido.
Solo puede sangrar, el que fue herido.
Eso es estar vivo.
Dignarse a ensuciar el piso con la propia sangre.
Lo demás muere, pero solo en el olvido.
Lo demás... es para cobardes.
Y sino entendió lo escrito...
Te miro fijo: Asegurando que mi fuego sea tu último testigo.
Hundo mas el puñal hasta dejar respirar su punta por tu espalda. No brota sangre todavía pero ya estás paralizada.
Con mi otra mano te ciño la mandíbula.
La fuerzo casi hasta quebrarla.
Atesoro tus últimos sonidos, marea de súplicas, insultos, pedidos de auxilio.
Entrego a su suerte el cuchillo, irremediablemente hecho uno con tu abdomen.
Te beso la frente.
Suelto tu cara.
Te miro.
Nada.
Inerte.
Presa todavía del pánico y la sorpresa,
pero sin sangre en tu vientre.
Entonces te tomo por el cuello y mientras mi navaja todavía te atraviesa, empujo con mis yemas el aire que galopa tímido entre tu pecho y tus fuelles.
Nada.
Sin sangre.
Sin muerte.
Te golpeo hasta astillarme.
te mancillo hasta olvidarme...
Nada.
No hay suerte.
Agitado, te miro. Con mi puñal atravesado, con mis dedos enmarcados...
Parada... de frente.
Te reís.
Finalmente te reís, soltando una carcajada purpura que burbujea en mi camisa, bañada en sangre.
Mi sangre.
Voy soltando mis últimos suspiros a la parca medianoche...
Tus ojos gélidos atraviesan con frío destino de acero, mi vientre que derrama mi linaje.
Y mientras voy dejando ocre en los mosaicos,
recuerdo una verdad tan simple como el abecedario.
Solo puede morir quien ha vivido.
Solo puede sangrar, el que fue herido.
Eso es estar vivo.
Dignarse a ensuciar el piso con la propia sangre.
Lo demás muere, pero solo en el olvido.
Lo demás... es para cobardes.
Y sino entendió lo escrito...
domingo, 27 de marzo de 2011
Pentagrama perdido sobre sábanas difusas
Te quiero desnuda.
Frágil o desafiante.
Te quiero aliada.
Con tus ojos perdidos
en el día sumiso,
en la noche esquiva,
en la tarde errante.
Te quiero desnuda y en silencio.
Con tus piernas enredadas en las mías,
y tus manos astilladas en mi fuego,
o en mi parco cadáver.
Te quiero desnuda y dentro mio.
Te quiero afuera, temblando,
con tu cuello cautivo
por mi lengua asaltante.
Te quiero lejos y cerca.
Sincera.
Descansando del invierno
junto a mi corazón herido.
Con mis manos enredadas en tus caminos...
y tus uñas alertas
astillando mis sentidos
aprovechando mis olvidos,
jugando con mis compuertas.
Te quiero así también...
como quieren los cobardes...
con agónicos sonidos
y miradas entreabiertas.
Te quiero desnuda
por sobre todo,
porque estoy harto de ver tu vestido.
porque soy carne también,
te quiero desnuda,
dentro mio.
Y sino entendió lo escrito:
Frágil o desafiante.
Te quiero aliada.
Con tus ojos perdidos
en el día sumiso,
en la noche esquiva,
en la tarde errante.
Te quiero desnuda y en silencio.
Con tus piernas enredadas en las mías,
y tus manos astilladas en mi fuego,
o en mi parco cadáver.
Te quiero desnuda y dentro mio.
Te quiero afuera, temblando,
con tu cuello cautivo
por mi lengua asaltante.
Te quiero lejos y cerca.
Sincera.
Descansando del invierno
junto a mi corazón herido.
Con mis manos enredadas en tus caminos...
y tus uñas alertas
astillando mis sentidos
aprovechando mis olvidos,
jugando con mis compuertas.
Te quiero así también...
como quieren los cobardes...
con agónicos sonidos
y miradas entreabiertas.
Te quiero desnuda
por sobre todo,
porque estoy harto de ver tu vestido.
porque soy carne también,
te quiero desnuda,
dentro mio.
Y sino entendió lo escrito:
lunes, 21 de marzo de 2011
El grito de las cigarras y el sonido de los grillos
El día ya se desilachó por sobre los tejados.
Los grillos juguetean en mi ventana.
Yo estoy desnudo, transpirado,
envuelto en un cigarrillo que me amamanta.
Y un oleaje verde,
de recuerdos ahogados
y caricias vacías
de repente... se me sube a la garganta.
El recuerdo tiene el gusto de todo lo perdido.
Lo mastico con silencioso desgano.
Por la ventana,
súbitamente,
nace un silbido...
y yo lo escucho como un pájaro lejano.
El silbido va creciendo entre las hojas...
Solitario...
noctambulo,
sus ramas marchitas se esparcen por mi cuarto.
Una risa fría,
una dama roja,
carcelaria,
me atropella con sus manos de lagarto.
Su lengua reptil, se deshace en un grito.
Ese era el sonido, ¡Ese mismo!.
Con su filo devenido en medianoche gris,
me apuñala...
sin motivo.
Y yo...
todavía mareado,
me desangro.
Yo,
todavía aturdido,
me acobardo.
Bañando el parqué con mi tinta,
tanteo a ciegas las paredes de mi cuarto.
Encuentro entonces, una pared distinta.
Tiene un espejo.
El reflejo,
Solo a mi.
Todavia humeando, de a bocados, mi cigarro.
Bañado únicamente en lágrimas de tiza.
Solo yo.
Y mi tristeza,
que serpentea junto al humo...
me marea,
y se escapa en vuelo manso por la ventana,
hasta hacerse sonido de cigarras...
De esas cigarras...
que siempre andan dando vueltas.
Y sino entendió lo escrito..:
Los grillos juguetean en mi ventana.
Yo estoy desnudo, transpirado,
envuelto en un cigarrillo que me amamanta.
Y un oleaje verde,
de recuerdos ahogados
y caricias vacías
de repente... se me sube a la garganta.
El recuerdo tiene el gusto de todo lo perdido.
Lo mastico con silencioso desgano.
Por la ventana,
súbitamente,
nace un silbido...
y yo lo escucho como un pájaro lejano.
El silbido va creciendo entre las hojas...
Solitario...
noctambulo,
sus ramas marchitas se esparcen por mi cuarto.
Una risa fría,
una dama roja,
carcelaria,
me atropella con sus manos de lagarto.
Su lengua reptil, se deshace en un grito.
Ese era el sonido, ¡Ese mismo!.
Con su filo devenido en medianoche gris,
me apuñala...
sin motivo.
Y yo...
todavía mareado,
me desangro.
Yo,
todavía aturdido,
me acobardo.
Bañando el parqué con mi tinta,
tanteo a ciegas las paredes de mi cuarto.
Encuentro entonces, una pared distinta.
Tiene un espejo.
El reflejo,
cruel destino,
solo a mi me pinta.Solo a mi.
Todavia humeando, de a bocados, mi cigarro.
Bañado únicamente en lágrimas de tiza.
Solo yo.
Y mi tristeza,
que serpentea junto al humo...
me marea,
y se escapa en vuelo manso por la ventana,
hasta hacerse sonido de cigarras...
De esas cigarras...
que siempre andan dando vueltas.
Y sino entendió lo escrito..:
sábado, 19 de marzo de 2011
Sonata para mesa de café, con una luna en re menor que los acompaña.
Estoy enamorado del baile juguetón que hacen tus dedos sobre la mesa del café. Febrilmente enamorado de tu ronroneo, música suave que sale de tu habla.
Estoy enamorada de tus ojos. De como te envuelve el desvelo la mirada. Del silencio; fuego incomodo que nos damos. De las pausas involuntarias.
Estoy enamorado de tu boca. De tus labios purpura y tus dientes que reclaman. Del roce pasajero de tu mano en una caminata.
Estoy enamorada de tus hombros y los míos, clavando sus agujas hasta derretirnos en un mismo fuego, asesino y nocturno. Enamorada de tus gritos y tus uñas en delirio, y tus sabanas, piel de seda que me envuelve y te envuelve, y nos abraza.
Amo tu sonrisa de recién despierta y tu mate, único desayuno.
Amo tu cara de hombre serio ante el diario mañanero y la caricia que la medialuna te devuelve cuando la bañás sobre la espuma del café con leche que te hice.
Me da miedo tu ausencia de ojos grises cuando te pregunto que te pasa.
No entiendo tu eléctrico desorden de papeles en el bolsillo y migas esparcidas por toda la casa.
¿Porque mierda dejás siempre los puchos, como cadáveres a medio morir, todos juntos en el cenicero?
(...)
¡Es esa puta costumbre de masticar como una vaca!
Cuando estoy con vos me siento sola.
Cuando estoy con vos no siento nada.
(...)
Estoy enamorado del baile juguetón que hacen tus dedos sobre la mesa del café... este último café nuestro.
Estoy enamorada de tus ojos que me miran con sabor a despedida.
Y se callan.
El mozo, desde lejos, mira perplejo como esos dos, intentan decirse algo, pero no saben decirse nada.
Y sino entendió:
Estoy enamorada de tus ojos. De como te envuelve el desvelo la mirada. Del silencio; fuego incomodo que nos damos. De las pausas involuntarias.
Estoy enamorado de tu boca. De tus labios purpura y tus dientes que reclaman. Del roce pasajero de tu mano en una caminata.
Estoy enamorada de tus hombros y los míos, clavando sus agujas hasta derretirnos en un mismo fuego, asesino y nocturno. Enamorada de tus gritos y tus uñas en delirio, y tus sabanas, piel de seda que me envuelve y te envuelve, y nos abraza.
Amo tu sonrisa de recién despierta y tu mate, único desayuno.
Amo tu cara de hombre serio ante el diario mañanero y la caricia que la medialuna te devuelve cuando la bañás sobre la espuma del café con leche que te hice.
Me da miedo tu ausencia de ojos grises cuando te pregunto que te pasa.
No entiendo tu eléctrico desorden de papeles en el bolsillo y migas esparcidas por toda la casa.
¿Que quiere decir que hoy no nos vemos?
¿No me extrañás? ¿Que te pasa?
¿Porque mierda dejás siempre los puchos, como cadáveres a medio morir, todos juntos en el cenicero?
(...)
¡No te metas con mis viejos!
¡Es esa puta costumbre de masticar como una vaca!
¿Porque siempre que leés fruncís el ceño? ¿No ves?
No te entiendo.
Cuando estoy con vos me siento sola.
Cuando estoy con vos no siento nada.
(...)
Estoy enamorado del baile juguetón que hacen tus dedos sobre la mesa del café... este último café nuestro.
Estoy enamorada de tus ojos que me miran con sabor a despedida.
Y se callan.
El mozo, desde lejos, mira perplejo como esos dos, intentan decirse algo, pero no saben decirse nada.
Y sino entendió:
miércoles, 9 de marzo de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
Sobre el sexo, Volumen I
Coger:
Terminología: "Uh que ganas de cogerte toda"
Involucra sudor, es físico, con dos gotas de pasional burbujeo estomacal. Puede (o no) surgir la imperiosa necesidad de verbalizar los propios deseos o fantasías, así como también pueden surgir epítetos casi despectivos a la hora de transformar en palabras, los mórbidos deseos.Cuando se termina de coger, suele cerrarse la oferta con un reposar desnudo, transpirado e inmovil, acompañado de una caricia algo distante pero presente.
Hacer el amor:
Terminología: "Quiero hacerte el amor"
La actividad física es mas aleatoria. Suele tener picos de lujuria y desasosiego, seguidos de miradas asustadas, contemplativas y abrazos con olor a crayón o a patio de recreo. Las manos cobran un protagonismo febril en este proceso ya que las caricias se agolpan en las puertas del aliento, y un fervor hondo como un pozo nos invade y nos devuelve solo un grito. "Sos mia. Acá y ahora, sos mia y solo mia. Este momento nos pertenece y yo te pertenezco a vos". Es costumbre cuando se hace el amor, estar de lleno con la otra persona, pero puede suceder que alguno de los involucrados, se evada del electrico momento para perderse en una catarata ingobernable de preguntas sin respuesta que pueden (o no) ramificarse hasta el orgasmo.
Copular:
Terminología: "Necesito copular"
Es el deseo hecho carne. El instinto básico y primitivo del deseo. Bajo, amigo del dolor de estomago. No suele pedir explicaciones ni atender a reclamos de buenas costumbres. Es la garganta seca que se queda afónica pidiendo agua. No necesariamente los interesados en copular deben de tener un motivo avalado o un deseo prolijo para acceder al acto. Esta batalla del impulso tiene, como gran placer, responder simplemente al punzante reclamo horizontal sin atender otra lógica que no sea esa. Suele suceder que el sujeto desee copular después de un tiempo alejado de lo prudente sin tener sexo. La necesidad de copular suele manifestarse después del mes de estática.
Atender:
Terminología: "¿querés que te atienda?" o "Necesito que me atiendan"
Suele tener un sujeto activo y un sujeto pasivo en el proceso. Ya que alguien esta siendo atendido o bien, alguien esta atendiendo. Para aquellos que toman el rol de sujeto atendido, la jornada es egoístamente placentera. El atendido suele solicitar impunemente que le hagan tal o cual cosa que es de su agrado, así como juzgar como lo están atendiendo de acuerdo a cuanto placer estén sintiendo en el momento. El atendedor, si bien se dedica mayoritariamente a dar, puede (o no) encontrar un morboso placer en el oscuro desafío que su cabeza le confiere: Ser el mejor atendedor. El que mas y mejor placer le ha proporcionado al sujeto atendido. Suelen encontrarse atendidos en sujetos que acaban de terminar una relación y necesitan de manera urgente reencontrarse con algún tipo de sensación de placer. Los atendedores suelen ser hijos del bajo autoestima que necesitan constantemente de una aprobación ajena para reconfirmar que sus almitas no se están derritiendo en la heladera.
Realidad y confiabilidad en la verosimilitud de lo antes dicho: 24%
Y sino entendió lo escrito quizás escuchar esto ayude
Terminología: "Uh que ganas de cogerte toda"
Involucra sudor, es físico, con dos gotas de pasional burbujeo estomacal. Puede (o no) surgir la imperiosa necesidad de verbalizar los propios deseos o fantasías, así como también pueden surgir epítetos casi despectivos a la hora de transformar en palabras, los mórbidos deseos.Cuando se termina de coger, suele cerrarse la oferta con un reposar desnudo, transpirado e inmovil, acompañado de una caricia algo distante pero presente.
Hacer el amor:
Terminología: "Quiero hacerte el amor"
La actividad física es mas aleatoria. Suele tener picos de lujuria y desasosiego, seguidos de miradas asustadas, contemplativas y abrazos con olor a crayón o a patio de recreo. Las manos cobran un protagonismo febril en este proceso ya que las caricias se agolpan en las puertas del aliento, y un fervor hondo como un pozo nos invade y nos devuelve solo un grito. "Sos mia. Acá y ahora, sos mia y solo mia. Este momento nos pertenece y yo te pertenezco a vos". Es costumbre cuando se hace el amor, estar de lleno con la otra persona, pero puede suceder que alguno de los involucrados, se evada del electrico momento para perderse en una catarata ingobernable de preguntas sin respuesta que pueden (o no) ramificarse hasta el orgasmo.
Copular:
Terminología: "Necesito copular"
Es el deseo hecho carne. El instinto básico y primitivo del deseo. Bajo, amigo del dolor de estomago. No suele pedir explicaciones ni atender a reclamos de buenas costumbres. Es la garganta seca que se queda afónica pidiendo agua. No necesariamente los interesados en copular deben de tener un motivo avalado o un deseo prolijo para acceder al acto. Esta batalla del impulso tiene, como gran placer, responder simplemente al punzante reclamo horizontal sin atender otra lógica que no sea esa. Suele suceder que el sujeto desee copular después de un tiempo alejado de lo prudente sin tener sexo. La necesidad de copular suele manifestarse después del mes de estática.
Atender:
Terminología: "¿querés que te atienda?" o "Necesito que me atiendan"
Suele tener un sujeto activo y un sujeto pasivo en el proceso. Ya que alguien esta siendo atendido o bien, alguien esta atendiendo. Para aquellos que toman el rol de sujeto atendido, la jornada es egoístamente placentera. El atendido suele solicitar impunemente que le hagan tal o cual cosa que es de su agrado, así como juzgar como lo están atendiendo de acuerdo a cuanto placer estén sintiendo en el momento. El atendedor, si bien se dedica mayoritariamente a dar, puede (o no) encontrar un morboso placer en el oscuro desafío que su cabeza le confiere: Ser el mejor atendedor. El que mas y mejor placer le ha proporcionado al sujeto atendido. Suelen encontrarse atendidos en sujetos que acaban de terminar una relación y necesitan de manera urgente reencontrarse con algún tipo de sensación de placer. Los atendedores suelen ser hijos del bajo autoestima que necesitan constantemente de una aprobación ajena para reconfirmar que sus almitas no se están derritiendo en la heladera.
Realidad y confiabilidad en la verosimilitud de lo antes dicho: 24%
Y sino entendió lo escrito quizás escuchar esto ayude
viernes, 18 de febrero de 2011
Sinfonía del sabio calendario
Se siente como una gota de silencio cayendo sobre el pecho.
Tiene olor a cuerpo sudado y añejo.
Es como una mano que flota en el aire.
Como un ruido lejano, una charla distante.
Una mordida en la garganta.
Un peso en los hombros.
Un atardecer de enero.
Es como un abrazo parco... como un beso muerto.
Tiene sabor amargo, de saliva acobardada.
Como un gran suspiro largo, que va soltando el aire hasta hacerlo humo.
Con cada mate mañanero se va destiñendo...
vestido gris que decanta en un verde manso.
En algún momento y mientras va disimulando, el desamor, se hace ceniza...
y se vuela con el viento del olvido hasta hacerse cicatriz.
Luego marca...
luego letra noctambula.
Y por último, se hace recuerdo tibio, resignado.
Cada tanto burbujea un aguijón entre los labios,
pero suele deshacerse en el medio de la mañana.
Y va esparciéndose, como un átomo de polvo que vuelve a su origen...
para dar lugar a la sonrisa...
canción final del recorrido.
Sinfonía del sabio calendario,
que con sus pasos,
transforma todo amor
en casi nada.
Y si no entendió lo escrito, quizás escuchar esto ayude...
Tiene olor a cuerpo sudado y añejo.
Es como una mano que flota en el aire.
Como un ruido lejano, una charla distante.
Una mordida en la garganta.
Un peso en los hombros.
Un atardecer de enero.
Es como un abrazo parco... como un beso muerto.
Tiene sabor amargo, de saliva acobardada.
Como un gran suspiro largo, que va soltando el aire hasta hacerlo humo.
Con cada mate mañanero se va destiñendo...
vestido gris que decanta en un verde manso.
En algún momento y mientras va disimulando, el desamor, se hace ceniza...
y se vuela con el viento del olvido hasta hacerse cicatriz.
Luego marca...
luego letra noctambula.
Y por último, se hace recuerdo tibio, resignado.
Cada tanto burbujea un aguijón entre los labios,
pero suele deshacerse en el medio de la mañana.
Y va esparciéndose, como un átomo de polvo que vuelve a su origen...
para dar lugar a la sonrisa...
canción final del recorrido.
Sinfonía del sabio calendario,
que con sus pasos,
transforma todo amor
en casi nada.
Y si no entendió lo escrito, quizás escuchar esto ayude...
lunes, 14 de febrero de 2011
Desvelo
Cálido refugio de silencios y de almohadas.
Cruel rocío que congela tu mirada.
Dolor de pueblo llevo en el vientre.
Dolor simple, de hombre ceniza que vuela en el tiempo,
que se escurre como el recuerdo de tu abrazo.
Esa hora en donde tu pasado se me hace tiza,que me marca...
que me astilla...
Mis dedos extrañan tu carne... tibia,
como el beso húmedo que me despertaba todas las mañanas...
Dulce... dolor dulce y rojo que se agita y me sorprende, enredado entre las sabanas.
Como arde tu recuerdo cuando sabe a pasado.
Como duele el eco de tu abrazo.
Quisiera que la noche grite mi quebranto.
Que el fuego te devore, te haga polvo.
Quisiera que el río se lleve este canto ahogado.
Pero acá estás, tan real, como este desvelo.
Tan exacta como un aroma que me estoy olvidando...
Tan sutil, como ese sonido, que hace ruido entre tanto desencanto.
Y sino entendió lo escrito, quizás escuchar esto ayude...
Cruel rocío que congela tu mirada.
Dolor de pueblo llevo en el vientre.
Dolor simple, de hombre ceniza que vuela en el tiempo,
que se escurre como el recuerdo de tu abrazo.
Esa hora en donde tu pasado se me hace tiza,que me marca...
que me astilla...
Mis dedos extrañan tu carne... tibia,
como el beso húmedo que me despertaba todas las mañanas...
Dulce... dolor dulce y rojo que se agita y me sorprende, enredado entre las sabanas.
Como arde tu recuerdo cuando sabe a pasado.
Como duele el eco de tu abrazo.
Quisiera que la noche grite mi quebranto.
Que el fuego te devore, te haga polvo.
Quisiera que el río se lleve este canto ahogado.
Pero acá estás, tan real, como este desvelo.
Tan exacta como un aroma que me estoy olvidando...
Tan sutil, como ese sonido, que hace ruido entre tanto desencanto.
Y sino entendió lo escrito, quizás escuchar esto ayude...
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