El café besó los bordes de la taza apátrida y jugueteó con los filos de la leche que espumaba la mañana.
El miró por la ventana mientras se bebía de a sorbos a sí mismo.
Suspiró.
Dio vueltas apagadas sobre las hojas del diario.
Jugó a leerlo.
Ensayó un lector ensimismado.
Bebió otro trago de café, mientras la conversación de los extraños se le escurría entre los labios.
Otro trago.
Se bebió sus opiniones.
Mojó entonces la medialuna, que amigada entre la espuma y el bocado, goteó manchas de café por sobre el mantel pulido y claro.
Lo miraban. Se sentía observado.
Podía casi adivinar con las cejas como esos ojos flechaban su desgano.
Arqueó sus uñas.
Apretó sus dientes contra el paladar y murmuró algo.
Tenía que pagar, dejar propina y huir de ahí. Tenía que escapar del bar aquel antes que esos ojos terminaran por matarlo.
Si seguía sentado en esa mesa, el venenoso testigo de su desayuno iba a terminar por intoxicarlo.
En un rápido gesto y sin mirar pidió la cuenta, suplicando que la moza haya visto su reclamo.
Cerró el diario.
Su mirada clavada en el mantel.
Sus ojos, cegados por el pánico.
Sintió tres pasos hacia el.
En un descuido alzó la vista.
Lo miré...
Siendo su autor, su dios y su asesino,
eché a los testigos del bar aquel, y reescribí para el preso un vino
que apoyé sobre el mantel.
Con mis letras pagué la cuenta y seguí mi camino,
dejando al desayunante solo...
Con el eco de mi tinta punzando sus latidos.
Y sino entendió lo escrito
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viernes, 1 de abril de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
Esta es mi casa
Esta es mi casa
con ecos de charla en el living
y transpiradas muecas en las almohadas.
Un hogar forjado en la trinchera,
con vista al enemigo.
Un oasis de café por las mañanas.
Con un cuadro,
el abrazo obrero.
Carpani y su linea me recuerdan a mi nido.
Una caricia de trazo fino a mi socio, el calendario.
Un rimmel olvidado en el baño,
que manchando de oscuro olvido,
dibuja al desprevenido
grotesco desengaño.
Esta es mi casa.
Hecha de cocina con te de durazno,
con olor a desayuno en los mosaicos.
Acá vive también un amigo,
que deambula noctambulo por las noches,
afilando sus uñas en los parlantes de mi equipo...
Le maulla a mi recién comprada soledad,
cantandole el arroz con leche a mis domingos,
Y despertando al lunes con alaridos felinos.
Esta es mi casa,
hecha de algo mas que de ladrillo.
Erguida con el cemento frío y rutinario del día a día.
Arte de hombres que saben hacerse de la vida:
un rincón familiar...
una poesía...
Aunque a veces este nublado
y caiga sobre mi techo
el beso suave de la melancolía...
En esos días me repito...
Esta es mi casa.
Y sino entendió lo escrito quizas escuchar esto ayude...
con ecos de charla en el living
y transpiradas muecas en las almohadas.
Un hogar forjado en la trinchera,
con vista al enemigo.
Un oasis de café por las mañanas.
Con un cuadro,
el abrazo obrero.
Carpani y su linea me recuerdan a mi nido.
Una caricia de trazo fino a mi socio, el calendario.
Un rimmel olvidado en el baño,
que manchando de oscuro olvido,
dibuja al desprevenido
grotesco desengaño.
Esta es mi casa.
Hecha de cocina con te de durazno,
con olor a desayuno en los mosaicos.
Acá vive también un amigo,
que deambula noctambulo por las noches,
afilando sus uñas en los parlantes de mi equipo...
Le maulla a mi recién comprada soledad,
cantandole el arroz con leche a mis domingos,
Y despertando al lunes con alaridos felinos.
Esta es mi casa,
hecha de algo mas que de ladrillo.
Erguida con el cemento frío y rutinario del día a día.
Arte de hombres que saben hacerse de la vida:
un rincón familiar...
una poesía...
Aunque a veces este nublado
y caiga sobre mi techo
el beso suave de la melancolía...
En esos días me repito...
Esta es mi casa.
Y sino entendió lo escrito quizas escuchar esto ayude...
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